Olivos Centenarios
Olivos Centenarios
Caminar entre olivos centenarios y milenarios, es adentrarse en la memoria más profunda del paisaje jiennense. Sus troncos retorcidos, sus raíces poderosas y sus copas abiertas al sol hablan de generaciones que han cuidado la tierra, recogido sus frutos y modelado, con paciencia, uno de los paisajes culturales más singulares del mundo.
Los senderos experienciales, invitan a recorrer un auténtico museo natural al aire libre con otra mirada: más lenta, más atenta, más cercana. En Martos, La Iruela-Cazorla, Arroyo del Ojanco o Castillo de Locubín, cada árbol se convierte en un testigo vivo del tiempo, en una presencia silenciosa que une naturaleza, historia, trabajo y cultura.
Detenerse ante ellos es escuchar el pulso antiguo del olivar. Respirar su calma, fotografiar sus formas únicas y reconocer en estos árboles monumentales la identidad de una tierra que ha hecho del aceite, del paisaje y de la memoria compartida una forma de vida.
En Arroyo del Ojanco se alza uno de los grandes gigantes vivos del Mar de Olivos, el Olivo Milenario de Fuentebuena, protegido como Monumento Natural y considerado uno de los olivos más grandes y antiguos del mundo.
Con más de 1.000 años de historia, supera los 10 metros de altura, posee una copa de cerca de 120 metros cuadrados y un tronco de más de cinco metros de perímetro; dimensiones extraordinarias que lo convierten en un auténtico símbolo del paisaje jiennense y en una parada imprescindible para quienes desean descubrir la esencia más auténtica del Mar de Olivos.
A su alrededor sobreviven historias y leyendas que alimentan su misterio: algunas sitúan su origen en época romana, otras lo relacionan con los frailes que poblaron estas tierras tras la reconquista, e incluso existe una tradición popular que habla de una rama bendecida capaz de explicar su extraordinario crecimiento.
Desde el propio municipio parte un sendero experiencial de 3,7 kilómetros que atraviesa uno de los paisajes más representativos de la Sierra de Segura y conduce hasta este árbol monumental, entre olivares, cortijos tradicionales y miradores abiertos al horizonte del olivar.
En Castillo de Locubín se conserva con orgullo el Olivo Centenario de la Era de la Zarza, un ejemplar protegido bajo la distinción de Árbol Singular.
Este imponente testigo del pasado destaca en la Sierra Sur de Jaén por su asombrosa envergadura: alcanza los 10 metros de altura, posee un perímetro de tronco de 6 metros y su copa proyecta una sombra de 168 metros cuadrados. Además de su majestuosa presencia, es un árbol de gran vitalidad, capaz de producir más de 700 kilos de aceitunas en las temporadas de buena cosecha.
La memoria colectiva del municipio envuelve a este olivo en relatos fascinantes. La tradición oral cuenta que nació de una estaca de ganado olvidada tras una tormenta que milagrosamente enraizó en la tierra. Fue conocido también como el Olivo de las Ánimas, porque donaba su aceite para recordar a los difuntos en Todos los Santos. Décadas más tarde, su frondosa estructura sirvió también como un valioso escondite para proteger a los lugareños durante los bombardeos de la Guerra Civil.
Desde el corazón del municipio parte el sendero experiencial que conduce hasta este monumento vivo. El camino regala un paisaje genuino de valles ondulados y olivos en bancales, con una biodiversidad sorprendente y custodiado por el vuelo de aves rapaces.
En la Sierra de Cazorla se custodia con orgullo el Acebuche de las Hoyas, conocido como el Coloso de las Hoyas y elegido Mejor Olivo Monumental de España. Este majestuoso ejemplar milenario, asombra por sus 15 metros de altura, su copa de 20 metros de diámetro y un tronco de 10 metros de perímetro. A pesar de su longevidad, mantiene una vitalidad excepcional y regala cosechas anuales de entre 800 y 900 kilos de aceitunas de las que se extrae un aceite único.
La recolección se sigue ejecutando de forma totalmente artesanal mediante ordeño y peines manuales, usando escaleras para alcanzar sus ramas más altas y mantones que protegen el fruto en el suelo, respetando al máximo la estructura de este gigante natural.
Para descubrirlo, se puede recorrer el Sendero Acebuche de las Hoyas, un camino agrícola que conecta La Iruela con el árbol (5,5 km) y llega hasta Cazorla (13,6 km). El itinerario desciende entre bancales, pinares y olivares de las variedades Royal, Picual y Acebuche silvestre. Acompañado por el sonido del río y vistas abiertas al valle, es un trayecto idílico para disfrutar del silencio y la belleza de la sierra.
En el municipio de Martos se encuentra la Estaca Grande, un majestuoso ejemplar de más de 300 años integrado en el catálogo andaluz de Árboles Singulares y que se encuentra a tan sólo 450 metros del Camino Natural de la Vía Verde del Aceite.
Este olivo destaca por sus descomunales dimensiones: un perímetro de tronco de 4 metros y una copa de 570 m², una de las mayores sombras de Jaén. Capaz de producir 800 kilos de aceitunas al año, su envergadura crea un microclima protector para la fauna y flora que sirve de refugio natural.
La vida de la comunidad marteña ha crecido al amparo de este "Olivo Grande". Durante la Guerra Civil, su densa copa funcionó como un dosel protector que sirvió de techo, cocina y hogar para la familia propietaria frente a los bombardeos.
El viaje para descubrir este coloso comienza en el sendero experiencial que parte desde de histórica Estación de Martos, el cual se adentra en el majestuoso paraje del Llano de Motril y sus 5.394 olivos centenarios de entre 200 y 500 años de antigüedad, creando un trayecto rico en biodiversidad, donde los troncos retorcidos de la variedad picual, dan vida a un auténtico museo natural al aire libre.